4 de marzo de 2021

Felicitan a comunidad científica en el Día de la Ciencia Cubana

Un mensaje de felicitación recibe hoy la comunidad científica nacional con motivo del Día de la Ciencia Cubana, instituido en 1990, tres décadas después de que el Comandante en Jefe Fidel Castro esbozara las bases de la política de formación humana y desarrollo profesional-científico del país.

La congratulación de la Academia de Ciencias de Cuba, suscrita por su presidente Luis Vásquez Pérez, está dirigida a los “queridos colegas académicos, investigadores, profesores, estudiantes y todas las personas que de una manera u otra se vinculan con la actividad científica”.

Existen acontecimientos que ocurren en las sociedades y que trascienden las épocas, ya sea por su historia, impactos directos en la sociedad, relevancia o porque se convierten en hechos de obligada consulta y de reflexión, continúa el texto, al que tuvo acceso la Agencia Cubana de Noticias.

Añade que también porque señalan el camino o la ruta hacia dónde debemos dirigirnos para que la sociedad sea próspera y sostenible. Y se hacen más valiosos si nos dejan una vía para asumir los cambios renovadores, facilitando que el tiempo se convierta en el mayor innovador.
Uno de esos acontecimientos, prosigue, ha hecho que cada 15 de enero, en Cuba, la comunidad científica, académica, docente –y ya me atrevería a decir hoy que el pueblo en general– celebremos el día de la Ciencia Cubana.
Aclara que no es un hecho aislado o fortuito, sino que forma parte de un conjunto de acontecimientos sociales que están relacionados entre sí.
Ejemplifica que con la construcción de una sociedad basada en el conocimiento, teniendo como base su principal riqueza: el capital cognoscitivo,  es el fruto de un país que apostó y apuesta por los hombres y mujeres de pensamiento y de ciencia.
Muy temprano, el Comandante en Jefe Fidel Castro se dio cuenta de que el desarrollo acumulado hasta aquel momento en materia de científicos, instituciones y de información era insuficiente en relación con la magnitud del proyecto revolucionario que la sociedad cubana necesitaba, especifica.
Ese discernimiento se acompañó de acciones que marcaron una época, tales como la Campaña de Alfabetización, el aumento del número de maestros, escuelas, estudiantes, de la escolarización primaria y secundaria y de las universidades.
Además, la creación de nuevas instituciones, así como la formación y el entrenamiento de un capital humano. Todo ello tenía un propósito, que era fomentar el desarrollo de una sociedad nueva.
Fidel lo dejó claro en su discurso de ese día al afirmar que “…los científicos, los investigadores, tienen todas las oportunidades, sobre todo, la gran oportunidad de que cada una de las cosas que realicen, cada uno de los esfuerzos que hagan, van a beneficiar directamente a su pueblo y a su patria.”.
La historia nos ha dado la oportunidad y el privilegio de que ese discurso, ese llamado estratégico fuera pronunciado en la Academia de Ciencias de Cuba que, con el nombre de Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fundada el 19 de mayo de 1861, la primera en una colonia hispana y también del continente americano.

Sin embargo, llegó a ser la principal institución científica de la nación cubana durante la segunda mitad del siglo XIX, y contó con brillantes científicos como Finlay, Poey, Albear, Reynoso, Albarrán, Gunlach y de la Torre, entre otros.
Es la primera institución científica multidisciplinaria creada por la Revolución cubana en 1962, sostiene.
Califica de honroso el mérito de celebrar el Día de la Ciencia Cubana desde este majestuoso paraninfo, recinto emblemático, sitio de reuniones de los científicos, lugar donde confluyen los hombres y mujeres de ciencia.
Igualmente, los intelectuales, los académicos, donde se unen los talentos, se funden los conocimientos, se integran los saberes para analizar y discutir los temas de interés para el desarrollo de la nación.

La vida nos puso en el camino uno de esos fenómenos azarosos, que ocurren muy aisladamente; tal vez, al decir del Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, de esos eventos que ocurren una vez por siglos y que sus efectos se harán sentir durante décadas.
Nos referimos a la pandemia producida por el nuevo coronavirus, que ya ha afectado a 189 países, donde casi 90 millones de personas han enfermado y dos millones han fallecido.
La humanidad sufre la peor crisis sanitaria de los últimos 100 años. Las economías han colapsado; la movilidad de los seres humanos se ha limitado, las desigualdades sociales se evidencian y  los sistemas de salud de los países desarrollados han colapsado.

En 2020 nos puso a todos a prueba, y ha quedado gravado en la historia de la humanidad, no solo por las grandes y desafiantes dificultades asociadas a la COVID-19, sino también por el progreso, la resistencia y el esfuerzo humano con que enfrentamos la pandemia, señala al referirse a la situación nacional.

La pandemia llevó a la necesidad de proporcionar información sobre aspectos clínicos, fisiopatológicos, epidemiológicos, tratamientos, así como avanzar en el desarrollo de vacunas a una velocidad nunca antes vista en la historia de la medicina mundial.

Pero el incremento de la expansión del virus, y con ello de la cantidad de sujetos infectados, demostró la necesidad de avanzar de manera más urgente en las investigaciones y de compartir sus resultados, lo que facilitó una ciencia abierta de emergencia.

Ha sido un cambio de paradigma motivado por la necesidad en la inmediatez de las respuestas médicas. Esta es una lección aprendida que, como tantas otras, será necesario aplicar a otras enfermedades.
Menciona en ese sentido las respiratorias, por las que anualmente mueren ocho millones de personas, o el cáncer, que provoca la muerte de unos 10 millones, e igual para otras crónicas no transmisibles, como las cardiovasculares, que matan a unos 18 millones de seres humanos.

Ello facilitaría acciones globales para salvar miles de vidas, aunque siempre teniendo presente que a este tipo de ciencia debe caracterizarla un proceso riguroso, fiable y transparente.
En Cuba, se enfrentó la pandemia desde los primeros momentos y se logró su control, lo cual no significa nuevos retos de manera periódica, pero ya con una experiencia acumulada, que permite la adopción de nuevas medidas de control.
Los científicos cubanos, los académicos, los profesores y la sociedad en general lograron la integración y la transdisciplinariedad en función de una meta común, donde la interacción del Gobierno con la ciencia ha estado en el centro de esta batalla.

Así se ha garantizado la inmediatez en la toma de decisiones, el progreso de las investigaciones y la conexión de las investigaciones biomédicas y la asistencia médica, emergiendo como un modelo sin precedentes.
Este modelo facilitó el desarrollo de acciones desde las comunidades, los centros de atención, institutos de investigaciones, empresas y universidades, para la aplicación de un protocolo de tratamiento que se actualiza con base en los resultados y la evolución de los sujetos atendidos.

Un gran logro ha sido el desarrollo de medicamentos innovadores y de cuatro candidatos vacunales que se encuentran en fase de ensayo clínico.

La Academia de Ciencias de Cuba arriba a esta fecha con un incremento significativo de sus funciones consultivas, así como en su apoyo a las acciones de enfrentamiento a la COVID-19 y otras actividades.
En este Día de la Ciencia Cubana los exhortamos a que sigamos en el camino de la integración, de la unión intersectorial y transdisciplinaria para lograr ese bloque científico sin límites ni fronteras entre nuestros conocimientos.

Agencia Cubana de Noticias

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